Mi papá nació en Puebla, en el año de 1951 y creció en el barrio de Azcapotzalco, una zona industrial del Distrito Federal en la que alguna vez además de fábricas existieron alfalfares. A los 27 años, ya tenía un trabajo, 3 hijos y una casa. En su adolescencia vivió la opresión y la censura del gobierno de Díaz Ordaz, y más tarde tuvo que sobrellevar las crisis políticas y económicas que no han dejado de azotar a nuestro país.
Yo nací en 1983, en un hogar de clase media, en el cual se me dio el privilegio de asistir a colegios privados, no porque a mis padres les fascinara pagar por mi educación; simplemente, querían evitar las numerosas huelgas que caracterizan a las escuelas públicas de México.
Crecí en Satélite y mi educación fue católica porque a mi mamá le preocupaba mucho que yo viviera en un mundo "sin valores", así que si alguien quisiera juzgar mi punto de vista podría incluir esa educación llena de prejuicios dentro de mi "bagaje cultural". Soy la típica burguesa que ha vivido en la comodidad. Estudié una carrera relativa a las artes en la Ibero, he viajado y vivido en otros países. Nada de eso me desacredita: Puedo hablar sobre la desigualdad y la pobreza que hoy se vive en México.
A mí me educaron para sobrevivir una guerra no declarada. Crecí estudiando mucho porque más tarde las cosas iban a estar muy cabronas y yo iba a necesitar todo tipo de artefactos académicos para librar la batalla, simplemente por haber nacido en un país en el que la única constante que vale recordar es el saqueo.
No vale la pena hablar de cómo cuando fuimos niños llenaron nuestro imaginario con figuras imbéciles como la del dichoso Pipila. Tampoco es válido que nos desacrediten como jóvenes burgueses que chillan y chillan y maman y maman. El término NINI es injusto para una generación que está teniendo que enfrentarse a sistemas sociales, políticos y económicos sumamente desiguales.
Sí, es cierto, como generación estamos evadiendo la realidad. No somos revolucionarios como en los años Sesentas. Tampoco contamos con la capacidad de mantener movimientos coherentes y de mayor impacto (Yo Soy 132) y mucho menos tenemos ganas de manifestarnos para después terminar en la cárcel y ser víctimas de abusos por parte de policías que pesan más de 100 kilos y sólo utilizan la Constitución para aceptar billetes en la página 100.
¿Qué se supone que tenemos que hacer para enfrentar una realidad que ofrece en su menú abuso, desempleo, desigualdad y pobreza? Cómo se supone que las nuevas generaciones debemos manejarnos ante reformas energéticas llenas de intereses que parecen ignorar nuestra realidad actual?
Hace poco leí una nota publicada en la Revista Proceso de Juan Pablo Proal titulada "La Generación Zoé" en la que el autor detecta una clara indiferencia de la juventud mexicana ante la peligrosa situación política que se vive en el país. Leí la nota y está llena de verdad. Ya ni siquiera los artistas tienen ganas de escribir canciones que denuncien lo que está pasando en nuestro país.
Yo me quedé pensando... por qué Molotov ya no le tira al sistema como lo hacía antes? Yo iba en la secundaria cuando en las fiestas cantábamos "Porque no nacimos donde no hay qué comer, no hay porqué preguntarnos cómo le vamos a hacer y si nos pintan como unos huevones... no lo somos ¡Viva México cabrones!"... éramos unos pubertos, eso nadie lo niega, pero ya intuíamos el tamaño de la masa de mierda a la que habría que enfrentarse. Con todo respeto, quién va a querer ser el primero en dar la cara ante esto? La culpa no es de Paris Hilton.
Esas fiestas para nosotros ya se terminaron. Ya crecimos. Algunos nos "armamos" lo mejor que pudimos, con licenciaturas y maestrías y cuanto diplomado en línea iba apareciendo. Pero da exactamente lo mismo. Los estudiantes de escuelas públicas y privadas nos hemos reencontrado en las calles. No importa si en la secundaria ya llevabas una laptop que iba introducirte a un mundo lleno de tecnología. No importa si pagaste por claves para terminar la preparatoria abierta. La educación en México ya no vale nada y el que lo dude puede tomarse un café y leer las 3 ofertas de trabajo publicadas.
¿Qué se supone que debemos hacer? Salir a la calle indignados y romper vidrios? Estudiar otra maestría para que nuestro salario aumente de 8 a 10 mil pesos? Volvernos emprendedores?
No es ni evasión ni intolerancia a la frustración lo que caracteriza a nuestra generación. Somos una generación impotente e indignada que no sabe ni por dónde empezar para corregir los desmadres de las generaciones anteriores.
Somos la generación que no quiere pagar el Fobaproa, que no quiere leer noticias sobre la reforma energética. Ni siquiera queremos ver a nuestro presidente hacer el ridículo y el derecho a no querer mirar es de los pocos derechos que nos quedan.
No contamos ni con las herramientas ni las ganas para lidiar con el abuso, los excesos y la indiferencia de aquellos que hoy "dirigen" este país hacia un precipicio. Desgraciadamente, tampoco estamos a la altura de lo que se requiere para frenar su avaricia.
Así que sólo somos la generación que se evade, que experesa su indignación en su estatus de Facebook mientras espera a que toda una camada de políticos haga el favor de morirse, y de paso, deje de matar a nuestro país.
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