miércoles, 1 de enero de 2014

La iguana

Ayer volví.

En el camino atropellé una iguana verde. La vi un segundo. Después la vi girar en el camino. Fue como aplastar algo más denso que una botella de agua. Giró varias veces y se quedó ahí, a medio camino, muerta. Yo no quise regresarme a mirarla. Tampoco quise sentirme culpable. Lamenté su muerte. Yo la aplasté con la llanta izquierda de la camioneta. No la vi porque iba cantando. Iba distraída mirando qué verde era el paisaje.

Ayer volví.

En el camino me sentía más ligera, más presente.

No quise volver para mirarla muerta.


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