viernes, 24 de enero de 2014
Harmful dust
La ingenieros me dan envidia. Parecen no necesitar de la belleza para vivir. Eso no quiere decir que no la reconozcan o que carezcan de buen gusto. Es sólo que ellos simplemente usan absolutamente todo como si se tratara de otro instrumento de precisión, incluyendo en ese todo a la belleza. Digamos que la accesorizan y sólo la reconocen cuando resulta útil.
No sé si se percatan el día en el que un objeto lindo o un olor dulce o una textura suave abandona la tierra. Al menos eso pienso yo, que estoy llena de prejuicios. Es mi batalla silenciosa. Ellos siempre me han dicho que soy hipersensible; que no me entienden. Por eso yo utilizo a la belleza como escudo para protegerme de sus ataques. A mí no me gusta ser sensible porque sentir no genera dinero, y en cambio a ellos no les pasa nada si yo les digo que son muy racionales y fofos porque su pensamiento matemático les genera más ingresos. Es una batalla en la que yo siempre pierdo.
Como venganza he decidido robar de un procedimiento dos palabras que unidas me parecen muy bellas y me calman: Harmful dust.
Pero de nuevo, ellos ganan.
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