Querido Colo:
el día de hoy recibí tu mensaje después de anunciar mi hartazgo y mi necesidad de limpiar mi mente de Facebook. Tú me escribiste desde tu celular:
Qué puedo decirte, creo que desaparecí desde hace tiempo. Sospecho esto porque he tratado de mantener una conversación con personas que un día creí conocer y simplemente fui ignorada. Yo estaba ahí, mi cuerpo estaba ahí, mi voz, mi mente. Yo estaba ahí viviendo, pero las personas a las que me dirigía no me miraban. No me respondían. Era como si no existiera.
Entonces de pronto me sentí muy sola. Me sentí alejada de los demás. Y mi forma de acercarme a ellos fue a través de las fotografías o los comentarios que escribía en mi wall. Era más fácil tener una conversación con ellos a través de las pendejadas que escribo en el facebook que conseguir su atención en persona.
¿Qué estás pensando? La gente que vive pegada al móvil ¿está realmente pensando en algo? Dan ganas de meterles el celular en el culo para saber si siquiera están vivos. Disculpa Colo, sabes que a veces no soy muy educada. Es sólo que en los últimos meses me he estado sintiendo más alienada de lo normal y no quiero que mi forma de "conectar" con el mundo sea a través de facebook. Necesito estar contenta. Disfrutar la vida. Necesito que me importe más la forma en la que estoy sintiendo lo que vivo que el comentario que voy a publicar sobre lo mismo. Quiero que mi convivencia con las personas que considero mis amigos sea real y el celular está haciendo que las pláticas con ellos parezcan un sueño en el que no puedo despertarme. Quiero saber qué ha pasado, qué les importa. No me interesa mirar cómo posan siempre con la misma mueca.
Ya no les creo. No creo que sean tan alegres, tan exóticos, tan divertidos. No lo creo porque cuando coincido con ellos me aburre su silencio, su idiota fijación con la pantalla y sus aplicaciones. No babean por puro milagro. Extraño la imperfección de mis amigos. La parte en la que se ríen o lloran o pierden el tiempo conmigo y existen. Miro a mi perro y tengo la impresión de que está más consciente que yo y me da mucho coraje. Yo espero más de mí.
No sé exactamente cuántas horas pasé mirando facebook. Lo cierto es que en los últimos seis meses he tratado de platicar con mis amigos y no puedo. Tengo que obligarlos a dejar el celular sobre la mesa para que se manifiesten en las reuniones y den señales de vida. Y se molestan. Es como si la maestra del kinder les castigara el juguete hasta la hora del recreo. Ellos se molestan y a mí me duele no poder tener una conversación real con gente de mi edad.
Me lastima tener que pedirle atención a personas que quiero y que me importan. Me lastima saber que no les preocupa mirarme a los ojos, saber cómo estoy. Se sientan a mi lado, ocupan un lugar en la mesa y pretenden seguir la plática. Es patético. Y yo he hecho lo mismo y no me gusta.
Querido Colo, tú vives en Argentina y mirando tus fotos me he sentido más cerca. Pero te extraño también y una foto no puede reemplazar lo que era ir a escuchar música de Sabina contigo. Espero que la próxima vez que te vea hablemos toda la noche, todo el día. Espero poder abrazarte, estar contigo, ser capaz de transmitirte todo el cariño que te tengo. No perder la oportunidad de disfrutar la vida contigo. Mirarte a los ojos. Pero no podré hacer eso, que parece tan fácil si no pongo ahora un alto.
Ya no espero que nadie deje su celular para tratarme como persona y disfrutar una plática conmigo. Me doy por vencida. Tampoco voy a cerrar mi cuenta. No voy a nadar contracorriente. Sólo quiero que mis días sean más productivos. Que mis encuentros sean más humanos y mis pláticas con quienes me rodean no sean interrumpidas por los mensajes que me llegan. Parece simple.
Si estoy en la fila del super y tengo que esperar no voy a sacar mi celular. Si estoy con mi familia no voy a sacar el puto celular aunque vibre a cada rato. Ya no quiero quiero estar así, por eso voy a intentarlo.
No se trata de que los demás se desconecten. Soy yo la que quiere conectarse, pero no con facebook, sino con la vida.
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